domingo, 23 de mayo de 2010

Regreso al viaje o del viaje

Año y medio casi de viaje y estoy de nuevo en este blogg, mi casa virtual, el espacio en que he devorado y vertido letras, unas más acomodadas que otras, pero al fin, he llegado.

Correcto es decir, que he encontrado desorden y cierta nostalgia por el regreso al mirar tantas pequeñas cosas dentro del blogg. Frases, imágenes, nombres de personas que admiro y que empiezo a extrañar, gente que me ha seguido en mi viaje y que apenas asome nuevamente mi blogg, estoy seguro recordaré y extrañaré por sus comentarios ya sea de forma pública o privada.

Por ahora quisera compartir un poema de un gran poeta peruano, César Vallejo (1892-1938). Es un poema que he tomado como primer encuentro de entre mis libros cercanos y pertenencias que aparecen entre-recuerdos-de-mi-habitación.



Poema en audio: Hoy me gusta la vida mucho menos... de César Vallejo por César Calvo

lunes, 2 de febrero de 2009

EL NUEVO MUNDO

Estoy empapado de orín y lleno de mierda hasta el cuello.
Tengo hambre.

Frente al manuscrito que acabo de terminar,
descubro texturas que no he matizado,
tinieblas que hay que aclarar,
cuentas que han quedado pendientes.

Fragmento de El artista (2)
Oscar Oliva.
Estado de Sitio y otros poemas.
Joaquín Mortiz, SEP. 1986.




A unos cuantos días de terminar el 2mil8 y escasamente a los treinta días de enero, me llegó a la mente un cuestionamiento que me hiciera Noé Mercado, amigo con quien desayuné y departí, como cada año en el Centro Histórico.

En aquel entonces hablamos de Fuguet y Caicedo, Borges y el género literario policiaco, además de un sinfín de temas que versaban sobre nuestra condición de diálogo, de algunos ex compañeros de la Escuela de Periodismo Carlos Septién incluso, pero sobre todo, de la literatura contemporánea.

Más allá del desayuno, él me preguntaba en sobre mesa, sobre la literatura actual en los nuevos tiempos. Respondí de forma bretoniana (automática) que la literatura actual era diferente y no como antes, parecido a los ejércitos.

Quise demostrar lo malo que había sido el ejército y de forma análoga, le externé que los grupos intelectuales, también habían hecho lo suyo: enterrar a muchos vivos, ya fuera con el uso de su poder de grupo o bien, a través de la parte política, gubernamental y de ahí, a todo lo que estuviera entre sus manos:

Los exilios, los desterrados, los desaparecidos políticos o bien, el encierro en las décadas de los sesentas y setentas, fueron propicios al desarrollar una cultura de corrupción y represión, la cual contenía un matiz de bienestar y paz como forma ideológica. Por supuesto que un exilio tenía su parte intelectual, los gobiernos si bien lo promovían, estos actos eran avalados por los grupos blancos de polvo cultural.

Hoy los grupos intelectuales no controlan el anecdotario de la vida cultural dentro de los medios de comunicación impresa y televisiva; menos aun, en la vida nacional. Obvio resulta entonces que el contexto cultural está extraviado y lo único que le hacía sólido, fue su poder o influencia oficial sobre grupos intelectuales.

Si bien es cierto, que el ejército se ha caracterizado por ser una institución demasiado hermética, capaz de poner a un gobierno por otro bajo el mandato del orden y terror, también los medios correspondían para completar lo malévolo del Estado.

Hoy sabemos que los medios de comunicación son poderosos entes políticos que reubican a un gobierno por otro, creando influencia de terror y horror sobre los mass media (mass, término inglés moderno que indica sociológicamente masas y media, referente a lo visual, o correspondiente a un medio de comunicación).

Los años de este nuevo siglo, han mostrado un aspecto de interés: que la cultura oficial no es ideologizante y la intelectual, ya no es tan poderosa. Un ejército poderoso es ahora una milicia vieja, que no alcanza a determinar su papel dentro de la sociedad, lo mismo son los grupos intelectuales, que ahora ni se asoman a la ventana de los medios, por la simple y sencilla razón a ser vistos como innecesarios y cómplices del pasado.

Pero, cuál era la relación entre la pregunta y respuesta con la cual inicié este escrito? Por qué la analogía entre la literatura actual y los ejércitos de ayer? Todo es simple, respondo nuevamente: la literatura de hoy no es la misma que la de ayer, porque los viejos oficios de los grupos intelectuales se han reducido y los viejos mitos oficiales siguen cayendo. ¿Qué mitos? Aquellos grandes y preciosos escritores (algo así como el gober precioso) que se alimentaban de lo oficial, que convivían y se vinculaban a ser cómplices de todo un sistema.

La literatura contemporánea intenta por diversos caminos y medios. Se muestra ya no rimbombante, gótica, académica e ideológica, ya no es la suma de grupos reducidos a manifestarse como un todo. Hoy probable, existe una dispersión bajo el plasma tecnológico como el internet, que permite un medio común de crítica y su línea no es definitoria, no algo que conocimos como oficial.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Feliz año nuevo 2009.

Para el Quirrus, que se fue a Cancún y según dicen, partirá a Ecuador; por haber terminado su carrera en la Escuela de Entrenadores de fucho; también por no quedarse en la primera del futmexicano y de paso, por no haber ganado una final en el fut7 junto con sus primos el Truza y Charly, trío de pendejos.

Para Juan Carlos el chaparro, que probable a esta hora de publicación en mi blog, su padre ya fue incinerado. Mi más sentido pésame.

Para mi hermano Alfredo, que ahora y hace cuatro años, se encuentra en los E.U. Para su familia linda, siempre mirando adelante.

Para todos los que fuimos GEVI, un abrazo, sobre todo a su fundador, Dr. Héctor del Castillo, querido primo, así como a su familia.

Para todos aquellos que conozco y me han brindado un poco de intercambio como seres, que me hayan escuchado y sobre todo que tuve la oportunidad de tomar un café o haber degustado alimento, un buen vino y nos dio la oportunidad de manifestarnos en el ritual de compartir.



Seis semanas de no publicar no hace hábito y probable sí, costumbre. Hoy lo hago tan despilfarrado sin ondas literarias o poéticas.

Creo estar seguro que estar frikeado por aquello de mi blog y sus comentarios mínimos y los correos personales que me han llegado, hayan sido causa leve del alejamiento de estas semanas.

El cuento de mi blog y su único comentario x semana y sus ocho ó diez mails vía Hotmail un tanto personalizados, han sido alivio y aliento.

Literalmente el blog a resultado una chanza, eso es, una chanza para estar cerca de muchos, o bien para alejar a algunos, es decir, porque no tienen tiempo para alguien, o bien, porque no les guste leer, o también, por qué no? Les interesa más otra onda.

Aunque nunca fue para complacerme o justificar una distracción de esta vida postmoderna, ligth o vaga, decidí escribir para establecer comunicación con muchos de los cuales, o bien, tengo comunicación al día, o bien, porque los veo cada año, o intercambio mails al día. De algo estoy seguro, es gente que hace extensa mi relación como humano, aunque sea de forma virtual y paradójica. ¿Les gustó la película Blade Runner?

Lo cierto es que he tomado unas vacaciones cibernautas obligadas y me he desentendido para recordar varios pasajes que en vida he disfrutado, a saber y compartir: escuchar audio casetes; poner discos de vinilo o elepés; leer algo de poesía; caminar y cantar breves canciones que en realidad he olvidado. Sé que para algunos resultará cómico saber de vinilos y casetes, pero bueno, ahora son cedés.

Acercar a algunos amigos, ha resultado grandioso, aunque sus críticas me hagan pensar que siempre me dieron el avión al estar cerca y atentos. Aunque el ocio tenga sus recompensas, una de ellas es: que son sinceros por ser lectores y eso es una ganancia pura de oro, al hacerme sentir como un atleta minusválido-literario en preparación, aunque a decir verdad, no necesito de las piernas o brazos para escribir. Los requiero a ellos.

De los que se alejan, pues ni hablar, en verdad me siento gustoso de ser un simple caifán que vertebra letras y las disocia, aterrorizándolos con un poco de tedio semanal. En verdad lamento ello. No puedo evitar las querellas que les provoco pero, pues abuso de que tienen que leer sus correos y ahí les caigo.

Además, esta semana fue de correos inconmensurables, hartos diría yo; el tema navideño y su publicidad estuvieron cañón; la conmoción de la crisis económica días antes, no bastó para aplacar las compras; acá en Los Reyes, La Paz, el tianquiztli a reventar de gente y basura; fiestas por todos rumbos; calles cerradas por las posadas; las chavalas acá, bien arregladitas; los chavales también, muy cools; allá en el df, pues tantito peor, son más briagos, ja,ja.

El clima, entre caluroso ardiente y frío sosegado, me han puesto un poco lector poético, apenas recordé la palabra contemporáneo y leí a varios, Efraín Huerta es mi favorito, he reído bastante y gozado un tanto por su poesía y, aunque la risa provoca calor corporal, no he salido del tedio y del frío por completo. También leí a Sabines y N. Guillén.

Siento terminar el año con muchas cosas pendientes, más por hacer y unas más que no quisiera repetir. Terminaré el año con mi familia, aquella que me ha brindado mucho, simplemente mucho.

A todos, feliz año nuevo.

martes, 11 de noviembre de 2008

Carlos Fuentes




A propósito de los 80 años del escritor mexicano, Carlos Fuentes, es deleite referirse y dedicar algunas líneas, a la obra de un escritor tan prolífico, cuyo contexto no sólo es lo literario, sino en mi caso, referirme a él como un promotor indiscutible de la lectura.

La valía es incuestionable desde los diferentes ángulos literario-políticos, pero, mejor aún, reitero, si lo considero el promotor de mi juventud literaria. Fuentes con su literatura, creó una metáfora infinita que a la fecha continúo: la libertad literaria e ideológica.

Supongo que la libertad literaria, la reforcé con algunos autores que más tarde abordé, claro es, más dirigidos y claro lo es también, más enfadosos por haber dejado que llegaran bajo recomendación o que aprendí a leer bajo discreción en las librerías, en largas horas del día, o bien, porque pensé sentirme al ritmo de la moda bajo el brazo, esta última es sin duda la más desastrosa, puesto que llevar ese ritmo bajo el poder económico, fue sin duda, jugar a las patadas con Sansón.

Es cierto que mi lectura no inició con Fuentes; mi primer acercamiento literario fue con “El Líder” de Harold Robbins, escritor norteamericano, cuyo contexto no dejó más que un asombro mínimo por la lectura, pero cierto, un gran placer por haber conquistado alrededor de 2cientas páginas.



Según yo, tendría 11 años y, los vericuetos por el mundo de las letras acomodadas “unas tras otras” fueron llegando poco a poco pero, en realidad mi mayor entorno fue, enciclopédico. Mi casa, ya contaba con tres o cuatro enciclopedias, las cuales bastaron para dos cosas: la primera, para que se viera bonita la pared y la segunda, para que alguien le tomara el gusto a la cultura, término que generalizaba en los setentas algo grandioso y desconocido.

Al paso del tiempo y viviendo en la ciudad de Chihuahua, encontré en una librería de lo usado “La muerte de Artemio Cruz” y la vitalidad de esa novela me persuadió a buscar más sobre ese gran autor. Después fueron “Las buenas conciencias”, “La Región más transparente”, “Tiempo mexicano”, “Aura”, “Terra Nostra”, etcaetera, etcaetera y así fue hasta que el tiempo amainó de Fuentes y, dejé que la lectura-palabra, fueran una grata experiencia con la que había sido sacudido por don Carlos.



Al paso del tiempo, con música de los Beatles y libros de Fuentes a un lado, ya mi vida experimentaba algo imprescindible que no podía soslayar los fines de semana. Regresar en periodos vacacionales a la ciudad de México, durante cuatro años, le ponían un toque especial pues, ya era visitar museos, librerías o bien, era respirar algo de lo que el autor desentrañaba en aquella ciudad capital.

De tal forma que el autor de Instinto de Inés, no sólo era una parte de mi vida como lector, sino más bien, un complemento a todo aquello que emanaba algo relacionado con la cultura. Obvio era, que ya existían autores importantes, a los cuales ya comparaba con mi autor predilecto. Octavio Paz, fue uno de ellos.

Es cierto que con Carlos Fuentes, creo en mi interior, el mito de los grandes personajes que se venían calcificando en América Latina, de aquellos intelectuales escritores y diplomáticos, que por excelencia habían encendido la pasión por la lectura y una fuerte dosis de lo ideológico en diferentes puntos del continente. Fuentes me remitió no sólo a Latinoamérica, sino a Francia, Praga, España y Rusia, de tal forma que el viaje emprendido fue in crescendo. Ya Argentina, Chile y Cuba, eran puntos de referencia obligada, ya fuera por lo literario o bien por lo político y social, lo cual impregnaba un sabor y olor de exquisito gusto.





Al regreso de Chihuahua, ya no era solamente un lector, ya la palabra estaba presente y podía platicar o recomendar, ya visitaba bibliotecas y las librerías de lo usado, no sólo eran los centros de acopio, sino los sitios predilectos de la semana.

Sin embargo, la posmodernidad me ha develado que los mitos caen poco a poco y que el peso literario-ideológico se convierte en una especie de cultivo que ya no hay que creer tan obstinadamente, sobre todo, porque la espontaneidad que nos ofrecen los nuevos tiempos, son un reto de corta expectativa, es decir, que figuran escritores con un caudal literario amplísimo, y que no necesariamente son intelectuales-diplomáticos-ideólogos-políticos.

Ahora no sólo se nulifica el culto al mito, sino también al caudillismo intelectual, incluso esa especie de pandillerismo-gansteril, que coqueteaba con los medios electrónicos e impresos, los cuales se la pasaban adorándose los unos a los otros; hoy eso todavía ocurre, pero existe una fuerte distensión por parte de los escritores y los medios digitales como el internet, cuyo nicho centra ahí una forma cuantiosa e invalorable de comunicación.

Es verdad, que con el paso del tiempo y de los libros, ya no es mi autor favorito Carlos Fuentes. Aunque a decir verdad, es imposible no tenerlo en el librero de los imprescindibles y claro es, que es lectura necesaria para entender algo más allá de nuestras narices como posibles lectores.

Ahora ya se puede leer a Roberto Bolaño (1953-2003), que con todo rigor ocupa el ausentismo de aquella casta de escritores-diplomáticos-políticos. Aunque no he podido leer todo del chileno-mexicano, me basta saber y de sobra lo sé, que hay tiempos para cada cosa, y una de ellas es creer nuevamente en los aires nuevos de la novela latinoamericana.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Infiernillo

Aquella tarde como todas ellas de verano, el tránsito vehicular estimado de treinta y nueve minutos, al paso de cada vehículo, se volvieron un eterno aburrimiento mientras esperaba la llegada de alguien que le invitara a cambiar el curso de su vida, o por lo menos a proseguir con el encargo. Con celular en mano, observaba ninguna mínima señal, por lo tanto imposible una llamada en aquel rincón sin cobertura. Eran las 11 treinta y seis de la mañana y esperaba al colectivo.

Sabía que estaba en la tercera instrucción y habría que ser paciente. A la llegada del colectivo, conducido por un viejo de unos sesenta años, el cual vestía pantalón de mezclilla y camisa a cuadros, tipo pueblerino, además de una gorra de los Dodgers, éste, le dio la instrucción de sentarse en la parte trasera, con lo cual estuvo de acuerdo y, al tanto, observaba que hacía una llamada, mientras su celular continuaba sin señal.

El recorrido de cuarenta minutos, fue suficiente para llegar al final del molesto viaje. Empezaba a desconcertarse mientras bajaba de aquel transporte de mierda. Mientras daba las gracias, cosa que el viejo ignoró, miró sorprendido que se abría la señal al celular y entonces suspiró y sonrió leve, ya que todo marchaba conforme a la quinta instrucción. Ignoró también la respuesta del viejo y realizó algunos movimientos corporales de satisfacción.

La franja que dividía a su vida con la otra parte de la carretera, eran lo mismo, no había nada. Eternamente, esas líneas difusas, otrora blancas, se perdían como aquel desolado pueblo, por el cual el aire acalorado le hacía echar rienda suelta e imaginar vagamente que Infiernillo, era un buen nombre para dicho lugar, aunque en realidad todavía no llegaba. Le faltaba caminar.

Afirmar que no había nada del otro lado de la carretera, era mucho, porque en verdad, no había nada: tierra amarillenta, ramas secas y pequeños matorrales sin importancia alguna, además de uno que otro animalillo que pasaba rápido atravesando la carretera como si el pavimento les quemara las patas.

¡Ahsss, ahsss! -repetía de forma incesante- por no acordarse del nombre de aquella criatura de dos patas; sólo recordaba al mentado Coyote y el letrero ACME, que con todo y dinamita no podía atrapar a ese horrible animalillo. ¡Ahss! y taconeaba el suelo con unas botas color negro, por no recordar al polluelo infeliz.

¡Eso es, eso es! ¡Correcaminos! ¡Correcaminos! Exclamó segundos después.

Infiernillo, era un lugar semidesértico, que le empezaba a causar enojo, una vez bajado de aquel transporte que le hacía sobarse las nalgas, de tanto rebote por lo maltrecho de la carretera. Aunque era dibujado el trayecto por dónde continuar, jamás pensó llegar hasta ese lugar, a no ser porque cumplía con un favor que le daría tranquilidad por lo menos durante un año más, en aquel antro “La Norteña” del distrito federal.

A esas alturas de su vida, es decir, en pleno siglo XXI, el estanquillo de vivencias habían sido tales, que se arrepentía de unas cosas, más no de su estilo de vida. Al fin y al cabo, hacía lo que se permitía, hasta donde creía y le rebotaba la cabeza. A los dieciocho, ya su nombre era Grace, aunque los malditos le decían Altagracia y sus amigas, Gracita.

Mezclilla. Botas al tobillo. Playera roja con escote. Gorra rosa. Mochila a la espalda. Bolso en mano. Cabello entintado, decolorado, con un matiz violáceo. Arete en el lóbulo izquierdo, aunque en realidad se quitó el derecho, para mostrarse machín, pero en realidad, fue una mala imagen. Una lonja prominente aparecía, mientras avanzaba lentamente y de forma ceremoniosa por su andar, en aquella región del norte del país, desconocida por Grace, Altagracia o Gracita.

Era claro, que el fastidio calaba ya y no necesariamente por el peso de unos quince ó veinte kilogramos de los paquetes contenidos y forrados en papel periódico, era porque sentía mella al querer destaparlos, aunque claro está, la advertencia fue:

¡No te pases de pendeja Altagracia, ni se te ocurra!

El sudor y el ansia por el contenido, le intrigaban cada metro y momento que avanzaba. Por dilatada que fuera la espera y la caminata, temía por su vida pues, aquel favorcito, se lo debía a la Cobra, amante de cada jueves nocturno, en aquel apostillado lugar de la Guerrero.

Instrucciones. Vete en camión hasta San Luis Potosí. Toma un taxi que te lleve hasta el entronque a la federal. Un colectivo te esperará y te dejará a un kilómetro de la salida o entrada a Infiernillo. Llegará la señal al Cel. Tendrás que caminar alrededor de un kilómetro, hasta una vieja choza. Te marcarán al Cel. La clave: Atila. Entregarás el paquete.

Puedes esperar en la choza que el mismo camino andado de un Km. te llevará. Espera a que regresen por tí a media noche.

No lleves tacones. No te vistas con tus puterías de Altagracia y aparenta ser hombrecito.

Posdata. Después te vistes como quieras, te dejo ropa en unas cajas de cartón.

Vibró el celular. Al momento sintió un odio y al contestar en forma de reclamo, le increparon:

¡Déjate de pendejadas mamacita y déjame el paquete afuera!

Mamacita tu pinche madre, cabrón. Ni siquiera llego a esa chingadera de pueblo y ya estás jodiendo…

¡Dónde estás!

Treinta minutos de caminata, le habían exasperado y volcado en semejante polvareda, que incrementó aun más, por la llegada de una camioneta negra, doble tracción, fordcita y llantas grandes. Grace envuelta en una nube densa de polvo, ya rojizo, ya amarillento, no se contuvo y se lanzó contra el viento dando manotazos que de forma ridícula y sin tino, provocó risa con carcajadas en los tripulantes de dicha camioneta.

Quitándose la maleta como podía, se deshizo de ella cayéndose, al tiempo que la arrojaba como podía. Una vez con los paquetes en mano, éstos le acariciaron la cabeza en señal de burla y provocación, que en respuesta Grace, sólo alcanzó por instinto y coraje, a replicar:

¡La clave putitos, la clave hijos de la chingada!

Al momento que lloraba entre polvo y lágrimas, ya hechas barro en su rostro.

¡Hijo de la chingada! Eres más puto que yo. Ojalá te pudras en este infiernillo. Ojalá nunca te hubiera conocido y hecho el favor de venir hasta está mierda de pueblo. ¡Qué pendeja fui, qué pendeja fui!

En llanto y sin aliento alguno, se dejó caer bajo el tejaban que cubría de sombras intermitentes pues, el sol rayaba la techumbre de aquella desmoronada cabaña, una vez llegado el destino de las doce cuarenta y seis aproximadamente.

martes, 14 de octubre de 2008

Poesía desterrada

La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro…”El arco y la lira” Octavio paz. FCE 1998.


Atendiendo el párrafo anterior del ensayista mexicano, me atrevo a publicar lo que hace tiempo, demasiado, afirmaría 20 o más años, he escrito como parte de un repertorio-contenido que busca luz e interacción, busca ser poesía y lectura a la vez, pues nada de lo que se escriba tendrá vida hasta que sea leído y en su caso olvidado o recordado, que es mejor a lo ignorado.


Que si la poesía es conocimiento, no lo sé; que sea salvación, pero ¿de qué y contra quién? Porqué, a veces siendo tan inentendible se sucumbe ante ella y entonces muestra su poder creador e interpretativo; porqué es abandono si a la vez nos salva.


El primer poema que publico en este blog, intentará ser poesía, si bien el lector se llega a conmover, si es capaz de reducir ese apetito humano –lo vano- a una mera satisfacción de gusto y placer por la lectura, a una forma entregada de los recuerdos y reflexiones de la vida trascendental, entonces, apoyará el primer párrafo que se refiere al conocimiento, a la salvación, al poder y abandono. Entonces será poesía en práctica.

Yo tenía un llaverito
azul cielo, casi lapislázuli.

En él contenía el recuerdo
y el deseo de conocer el mar…

Mas no lo conocí y el recuerdo
efluvio permanece ahora
en mi leve corazón
de agitadas olas carmín…

Yo fui de lodo, charco y agüitas.

El poema corresponde a una serie de “poemas de infancia” que han llegado como un primer encuentro a la luz. Si bien, los recuerdos son necesarios para legitimar los deseos que alguna vez estuvieron ahí, hoy son letras o palabras que tratan de ser ritmo y canción para otros.

Un segundo y tercer poema, dedicado a la memoria de Federico García Lorca, poeta ejecutado por las tropas nacionales , en Viznar, España, en agosto de 1936, se asocia a una serie de lecturas que llegaron a mi vida en condiciones de lector furtivo en mis primeras horas laborales.

El otro canto resopló y
la voz se hizo negra.

La boca se atragantó de tierra
y un verde olivo
se transformó en gusanos.

Un viento gélido, sombriáceo
pesó con su túnica aquella noche.

Niñas musas te rodeaban pues,
ni ángeles acudieron
a tu resumen de vida
a tu muerte de niño.

Sangre de gato, pipi de león,
letra de ciervos, ciegos en el paraíso.




Corazón.
Corazón de niño Federico
tan dentro del cuerpo de la tierra.

Dime porqué a cada instante
resopla un luto de vejez
dentro de mi corazón.

Dime porqué
recostado sobre la tierra
mi oído escucha
sueños breves
de reposo.

Dime porqué sobre la tierra
mi alma se vuelve viajera
y mi sueño lejano
dentro de tu corazón tibio
de niño Federico.


Publicar o escribir poesía hoy en tiempos posmodernos, no puede ser casual, quizá, haya a quien la poesía, no sea más que una forma vana de ver y sentir la vida, es probable que eso suceda, pero, es cierto que la vida se encuentra sumergida no por la poesía o por los poetas, sus creadores, en todo caso, será por quien no la ha tomado como algo equiparable a la belleza, algo que se consigue con el simple acto de la lectura.

martes, 7 de octubre de 2008

ANDRÉS CAICEDO: Un pop urbano en Cali

Andrés es un buen narrador. Caicedo es ausencia. Andrés Caicedo existe por su obra. Para ello sirve la literatura y la muerte. Hace un par de días releí algunos textos del extinto escritor colombiano Andrés Caicedo. Le conocí en una fotografía-cartel en la FIL Guadalajara (Feria Internacional del Libro) 2007, de hecho, adquirí tres ejemplares: ¡Que viva la música! (2007), El atravesado (2007) y El cuento de mi vida (2007), los tres bajo el sello colombiano de Grupo Editorial Norma.






¿Es difícil comprar textos de una persona suicida? He de confesar que no, pero ¿Por qué comprar tres libros con crédito plástico? Parte del interés que mostré al autor, fue porque la presentación la realizó el escritor y cineasta chileno, Alberto Fuguet, que entre otra de las razones es, por centrarlo como precursor de la literatura urbana colombiana.

Literatura no ficción, es una forma desesperante de vivir un tanto el drama de lo urbano, de su cotidianeidad y sus consecuencias, que no son otra cosa que su calamidad, sus excesos, su marginalidad, sus injusticias y todo lo equiparable con su veleidad inalcanzable, es decir, el deseo frustrado de lo que queremos y no podemos ser. Pero, ¿Qué quería ser el caleño? Si bien su intentó por acercarse a Hollywood como guionista de cine fue fallido, encontró caminos paralelos como cineasta en su ciudad natal, obteniendo reconocimiento como crítico en diversos medios, editando y por consecuencia padeciendo de aquel pesar que sólo él sentía.

Por supuesto, hay razones obvias para voltear hacia lo colombiano y más si se trata de un joven prolífico que vivió intensamente y dijo.

¡Nel, paso, después de los veinticinco no!

Parte de su obra me ha gustado, por cuestiones de temporalidad, por ser parte de aquellos textos no leídos en mi haber y que cierran un ciclo literario en mi vida. En nuestro país, es difícil leer algo similar, de hecho no hay mucho ¿lo hay? con ese contenido real, dramático, que resuma en gloria dos cosas que son cuatro a la vez: escritura, droga, vida y muerte.

“Yo pensé que mi vida era ordenada en lo literario y no fue así, al contrario, encontré un verdadero desastre entre autores que impusieron un orden y legalidad intelectual, una disciplina ornamental y de estética”

Nació en Cali, Colombia, en 1951 y murió el 4 de marzo de 1977 en la misma Caliwood, como solía decirle a su amada ciudad. Su vida transcurrió por los sesentas y setentas, décadas relevantes por lo social político en América Latina. No sin querer, Caicedo vivió devorando la realidad, asumiendo su propio juicio, para que al final tocara la puerta y dejara de existir:

“La vida después de los veinticuatro es una insensatez, edad en que uno deja de ser niño” y se suicidó a los veinticinco, el mismo día en que recibió su primer ejemplar de ¡Que viva la música!




Asumió con frialdad su propia crónica; entonces por ello su temporalidad y su propuesta que aun crítica que me hacen pensar que Andrés no murió joven, mas bien, ha muerto lo suficiente para vivir lo necesario literariamente.

Andrés no aparece como icono de la drogadicción, acaso la adicción que tiene es ser cinéfilo y crítico, escritor que en referencia a su inmediatez de lo que acontecía en lo social político se amplía a vivir de su música, de la droga, del alcohol, del cine, de la escritura lectura que abundan en su personalidad, en su carácter complejo pero creador.

Asume su mundo de tocadas, de pachangas, de reventones y roles en su barrio; se salva, vive de noche y regresa a casa con música y drogas, es un fantasma en ritmo y música ya que trascienden en él géneros musicales como la salsa y rock. Es un pop urbano en Cali, un tanto nostálgico que empieza a sentirse como un desgarrado producto de la sociedad y de su amor o desamor.
¿Se puede vivir más en una ciudad así? No lo sé, verdad que no lo sé. En todo caso, Andrés Caicedo vivió y ha respondido como un excelente narrador, que ejerció fuerte reacomodo de ideas e imágenes en este mes de octubre del 2mil8.

Andrés el caleño, escribió y vivió su propia novela y dejó una pendiente: a decir del colombiano, una muy violenta que llevaría el título de: Despescueznarizorejamiento.